Bonnie & Clyde, La Historia de los Amantes del Crimen

Bonnie & Clyde, La Historia de los Amantes del Crimen

4 septiembre, 2019 Off By Alex Nelson

Si hay una historia que se ha contado mil veces es la de estos amantes, pero siempre con claroscuros que enturbian la verdad de sus más de veinticuatro meses de huida por territorio americano. Hubo mucho amor, pero también sangre, plomo y muerte.

Gracias a eso –y por supuesto a sus aventuras mitificadas por la prensa-, Bonnie & Clyde se convirtieron en personajes casi inmortales. La gran pantalla y la literatura hicieron el resto. Ésta es su historia…

Una de las fotografías más famosas de Bonnie y Clyde (AP)

Se cumplieron 85 años de su ajusticiamiento a manos de una de las unidades de élite más preparadas y temidas del ejército de los Estados Unidos, los Rangers. Y aún así, necesitaron más de ciento cincuenta disparos para doblegarlos, para evitar que una vez más escapasen y continuasen sus andanzas empuñando un arma.

La poeta y el ladrón se enamoran


Es la época de la Gran Depresión de los años treinta en los Estados Unidos. La crisis económica azotaba a uno de los países más importantes del mundo y numerosos jóvenes encontraron en el robo, la única forma de seguir adelante. De sobrevivir.

Bonnie Elizaberth Parker, nació en 1910 en el seno de una familia de clase media. Su madre, costurera, y su padre, albañil, falleció cuando la niña tenía cuatro años. Tras la pérdida, la viuda se llevó a la pequeña y sus hermanas de Rowena (Texas) a Dallas. En aquellos años, Bonnie desarrolló una gran afición por la literatura y por la poesía. Sus escritos forman parte también de su leyenda.

Bonnie en su época como camarera (AP)

Ya en el colegio, conoce a su primer amor, Roy Thornton. Deciden huir juntos y casarse. Tan solo tenía dieciséis años y no sabía que aquel apuesto muchacho se convertiría en su carcelero. Los episodios de maltrato duraron tres años, hasta que detienen a Roy por asesinato y le condenan a cinco años de prisión. Aquí Bonnie pone tierra de por medio, regresa con su madre, se divorcia y comienza a trabajar como camarera.

Clyde Chestnut Barrow, nació en Ellis County (Texas) en el año 1909. De familia muy humilde, era el cuarto de ocho hermanos. Pese a los intentos de sus padres (granjeros de profesión) por salir adelante, la crisis económica les tenía asfixiados en deudas. Ése fue uno de los desencadenantes para que a la edad de 17 años, Clyde comenzase a robar. Eran hurtos a pequeña escala para poder comer.

Clyde en una foto de joven (AP)

Tampoco ayudó su hermano mayor, Marvin Ivan –apodado ‘Buck’- con quien robaba desde automóviles hasta animales de corral. Sin embargo, los robos fueron cobrando intensidad y convirtiéndose en allanamientos, atracos, secuestros y, también, asesinatos. Con 21 años, Clyde ya había pisado dos veces la cárcel.

De pronto, el destino cruza el camino de ambos personajes. La versión más creíble de su primer encuentro: en la casa de unos amigos comunes, la víspera de Reyes de 1930. El flechazo es casi inmediato. Clyde cae prendido de la belleza rojiza de Bonnie –tenía el pelo pelirrojo- y una personalidad un tanto desenfadada. Y Bonnie, de su carácter rudo y de esa forma de mirarla.

Aquella noche, ambos comparten sus sueños. Ella le explica su pasión por la poesía y el canto, sus ganas de escribir; y él, que quería dejar su carrera como ladrón y comenzar una nueva vida con un trabajo honrado. Y así hacen.

Foto de Bonnie y Clyde (AP)

Durante los primeros meses, la pareja vive en el marco de la legalidad, como cualquier ciudadano. Incluso, Clyde trabaja para una empresa de construcción. Pero aquello no era para él y decide dejarlo. Fue el principio del fin. A los tres meses, comete un robo y el muchacho da con los pies en la cárcel por tercera vez. Es la primera vez que se separan.

Las cartas de amor que se escriben ayudan a mantener viva la llama. Eran misivas desgarradoras en las que ambos ansiaban estar juntos. Por eso, Bonnie decide ayudar a su amado. Le hace llegar una pistola a la cárcel y Clyde consigue huir. Pero poco después, la policía lo captura.

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Ficha policial de Clyde con 17 años (Archivo Dallas)

Aquello le desespera aún más. No solo por los trabajos forzados que les obligaban a hacer en Eastham, si no las vejaciones y violaciones a las que era sometido por parte de otro recluso sin que nadie hiciese nada por evitarlo.

Un buen día, puso fin a aquella agonía y mató a su violador. Le golpeó hasta la muerte con una tubería. Pero Clyde no podía cargar con aquel crimen, tenía que salir lo antes posible. Convenció a otro compañero que cumplía cadena perpetua para que se autoinculpase. Fue así como se libró y dos años después, recibió la libertad condicional. Aunque lo hizo cojeando. Tiempo atrás, Clyde persuadió a otro convicto para que le cortase dos dedos del pie con un hacha. Era el único modo para no hacer frente a los extenuantes trabajos forzados. Las heridas le mantuvieron meses postrado sin poder moverse.

La carrera delictiva


Ya en libertad, el joven se reúne con su amada y comienzan su sanguinaria carrera delictiva junto a su banda. Ésta estaba conformada por Buck, hermano de Clyde, y su mujer, Blanche, además de dos compinches. Desde febrero de 1932 hasta mayo de 1934 cometen numerosos robos en gasolineras y tiendas, atracos a bancos, y hasta asesinan a nueve personas. Todos ellos, agentes de la autoridad.

Texas, Oklahoma, Missouri, Louisiana, Arkansas, Kansas, Iowa e Illinois, son algunos de los estados que recorrieron durante aquel tiempo. Lugares donde la prensa local escribía sobre la pareja como si fuesen los nuevos Robin Hood. Aunque a medida que el rastro de sangre era cada vez mayor, los héroes pasaron a ser villanos.

Clyde (izquierda) posa con sus compañeros de banda Raymond Hamilton (derecha) y Henry Methvin (centro) en enero de 1934 (AP)

Los asaltos que perpetraban en cada estado no eran vigentes en el siguiente, por lo que el FBI –el cuerpo que investigó su modus operandi- no lograba expedir una orden de búsqueda y captura. Hasta mayo de 1933. La banda robó un automóvil y cruzaron la frontera de varios estados. Los investigadores acababan de encontrar un cargo al que aferrarse. La persecución no había hecho más que comenzar.

Durante los siguientes meses, la banda de Bonnie & Clyde logra evadir la captura de una forma nada glamurosa. Se bañan en ríos, comen latas de conserva, conducen de noche y hacen turnos para dormir. Todas las medidas de prevención eran pocas.

Bonnie y Clyde junto a sus familias (AP)

En enero de 1934 cometen un nuevo golpe. Pero esta vez para liberar a un antiguo socio que se encontraba recluido en la cárcel de Eastham. Durante el asalto matan a uno de los vigilantes. Aquí la caza ya es un hecho. El estado de Texas y el Gobierno Federal toman cartas en el asunto y ponen al frente de la investigación al antiguo Ranger Frank A. Hamer.

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Este veterano del ejército norteamericano junto a Manny Gault lograron lo que el FBI no pudo en dos años: arrestar a la pareja criminal más famosa del siglo XX. A sus cincuenta años y pese a estar retirados, estos agentes estaban acostumbrados a trabajar en territorios hostiles y con enemigos peligrosos.

Gracias a la película Emboscada final, dirigida por John Lee Hancock e interpretada por Kevin Costner y Woody Harrelson, se ha rescatado el protagonismo de estos hombres acusados de desleales por la forma en que apresaron a estos delincuentes. Sobre todo la figura de Hamer, al que el cineasta se refiere como “una leyenda”, con una reputación de “ser honesto, humilde y recto”.

Por otra parte, si por un momento los medios de comunicación llegaron a justificar a Bonnie y Clyde, aquel apoyo terminó tras las últimas muertes que dejaron a su paso. Los agentes de tráfico que asesinaron el domingo de Pascua de 1934 sin posibilidad de defenderse; y dos policías heridos en Miami, uno de ellos secuestrado previamente. La imagen que define la hostilidad con la que se referían a la pareja, la recogió el Dallas Journal en su portada. Incluyó la foto de una silla eléctrica con un cartel que decía, ‘Reservado para Bonnie y Clyde’.

167 balazos


La investigación cada vez iba cercando más a la pareja y una de las pistas les llevó al día D. El 13 de abril el FBI consiguió una importante información: el viaje que harían el 21 de mayo a Luisiana para ver los Methvin, padres de un miembro de la banda. Tras acudir a una fiesta, la pareja queda en regresar dos días después. Sin embargo, aquella nueva visita sería la perdición de Bonnie & Clyde.

Ya lo predijo la propia joven en uno de sus poemas: “Un día de estos, caerán codo con codo…”. Una fatal premonición que se cumplió la mañana del 23 de mayo de 1934.

Hamer junto a los agentes que mataron a Bonnie y Clyde (AP)

No había amanecido y un grupo de seis policías encabezados por Frank Hamer, se ocultaban tras la vegetación de la carretera secundaria de Bienville Parish. Iban bien armados, sabían de lo que eran capaces los amantes del crimen, y habían estudiado cada uno de sus movimientos.

El Ford V8 con Clyde al volante se para a charlar con el padre de Methvin. Tras una breve conversación, reanudan la marcha. En el interior, Bonnie estaba recostada en el asiento del copiloto comiendo un sándwich. Todo parecía estar tranquilo. De improviso y sin advertencia previa, los agentes comienzan a disparar contra el vehículo. Durante pocos minutos descargaron toda la munición de sus escopetas, fusiles y pistolas. 167 proyectiles (hay quienes hablan de 107, 126 o 130) impactaron contra el automóvil y sus ocupantes.

El vehículo de Bonnie y Clyde después del tiroteo donde perdieron la vida (AP)

Aquel desmesurado tiroteo terminó con la pareja completamente reventada por los disparos. El automivóvil también era un amasijo de agujeros. Bonnie y Clyde habían muerto sin la posibilidad de defenderse, ni tampoco de rendirse. De hecho, en declaraciones posteriores, Hamer aseguró que tras el tiroteo se acercó al automóvil y remató de dos tiros a Bonnie. “Odio reventar la cabeza a una mujer, especialmente cuando está sentada, pero si no hubiese sido ella, habríamos sido nosotros”, dijo.

Entre el arsenal que portaba la pareja había: fusiles automáticos de uso militar, pistolas, escopetas recortadas, matrículas falsas y un saxofón.

Los cadáveres de Bonnie y Clyde tras el tiroteo (AP)

Aparte de la versión de Hamer, nos encontramos con la versión de Ted Hinton, otro de los agentes que conformaban el operativo, y que años más tarde relató cómo vivió aquella escena. “Abrí la puerta del auto, y vi a la muchacha en medio de la sangre, pero aún olía a perfume y su peinado no se había arruinado”, explicó.

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“Sobre el piso del Ford estaban la pistola con la que Bonnie había alcanzado a disparar, un mapa de carreteras de Louisiana, y el sándwich a medio comer. En el auto se encontraron, también, muchas municiones, algunos elementos de camping, el saxo de Clyde, y quinientos dólares. Había, también, algunas patentes de autos falsificadas de Texas, Louisiana y Arkansas”, concluyó.

La multitud se acerca al automóvil de Bonnie y Clyde (AP)

La escena del ajusticiamiento atrajo a decenas de curiosos que querían observar cómo habían quedado los cadáveres de los perseguidos Bonnie Clyde. Él portaba 51 impactos, mientras que ella 57. Unos números que redujo el doctor J.L. Wade, un forense local, y que informó de las 17 heridas de Clyde y las 26 de Bonnie.

Tras aquello, sus familiares procedieron al entierro de sus cuerpos, pero no cumplieron con su deseo de yacer juntos. Ella se encuentra en el Crown Hill Memorial Park y él en el Western Heights Cementery, ambos cementerios en la ciudad de Dallas. Al sepelio acudieron centenares de personas para despedirles. Y los diarios escribieron: “No hay nada más que decir, se acabó, la justicia y el orden han hecho su trabajo”.

Las tumbas de Bonnie y Clyde (LVD)

La leyenda llega al cine


Aquella inverosímil persecución acabó idealizando a unos delincuentes peligrosos que no tenían nada de víctimas, si no más bien de villanos. Incluso, Bonnie se convirtió en una especie de icono para las mujeres de la época. Su atuendo y su forma de fumar mientras portaba un arma, la elevaron a mito. Por no mencionar su romántica historia. Un amor que se plasmó en el propio epitafio de la joven. Un poemas dedicado a su amado y que reza: “Así como las flores son endulzadas por el sol y el rocío, este viejo mundo es más brillante por las vidas de gente como tú”.

Tal fue el impacto de su leyenda que el cine ha realizado grandes películas al respecto. Una de las más recordadas, la interpretada por Warren Beatty y Faye Dunaway en 1967, en la que el personaje de Clyde le dice a Bonnie: “Pareces una estrella de cine”.

Bonnie y Clyde besándose (AP)

Asimismo, al ver las fotografías reales de la pareja, nos percatamos del gancho que produce su biografía. Las imágenes fueron expuestas en una galería de Dallas en 2017. En ellas se ve a Bonnie y Clyde en actitud cariñosa, besándose, probando distintas armas, junto al automóvil utilizado en sus atracos, y posando con su temida banda.

Los poemas de Bonnie fueron publicados en distintos diarios después de que aparecieran entre sus objetos personales. Los más conocidos: “El fin del camino” o “La chica de la calle”. Éste último dice así: “Así que ya lo ves, ¿no es cierto querido? Me casaría ahora mismo si pudiera. Y volvería contigo al campo. Pero sé que no serviría de nada. Porque no soy más que una pobre mujer marcada. Y no puedo enterrar mi pasado”. Un pasado que se hizo eterno, con tan solo veintitrés años.

Bonnie y Clyde posan ante la cámara (AP)

Tomado de La Vanguaria, Fuente: MÓNICA G. ÁLVAREZ

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